

Mujer de 51 años de edad, sin antecedentes de interés, que es remitida a consultas externas por un cuadro de colestasis y citolosis de 2 semanas de evolución. La paciente negaba conductas de riesgo, la ingesta de fármacos o de productos de herbolario y viajes recientes al extranjero. Clínicamente se encontraba asintomática y únicamente refería haber presentado un cuadro de dolor en hipocondrio derecho de pocas horas de duración hacía unos 15 días. El único hallazgo relevante de la exploración física fue la ictericia cutáneo-mucosa. Los análisis de sangre mostraron una colestasis y citolisis moderada (FA/GGT: 588/259 UI/L; GOT/GPT: 137/280 UI/L), una bilirrubina sérica total de 9 mg/dl y un índice de protrombina del 100%. La paciente aportaba el resultado de una ecografía abdominal que no mostraba alteraciones relevantes a excepción de barro biliar a nivel vesicular.
La historia de la paciente sugería la posible existencia de una coledocolitiasis, ya que el cuadro clínico comenzó con un dolor en hipocondrio derecho intenso, aunque recortado en el tiempo. Por otra parte, no existían factores de riego de hepatitis viral o tóxica. Con esta sospecha diagnóstica de indicó la realización de una ecografía endoscópica que demostró una litiasis coledocal.
La paciente fue sometida a una colangiopancreatografía retrograda endoscópica con esfinterotomía y extracción de dicho cálculo. Los análisis realizados una semana más tarde no mostraron alteraciones relevantes.
El presente caso ilustra la importancia de una buena historia clínica. Las coledocolitiasis pueden generar aumentos moderados de transaminasas y plantear por ello el diagnóstico diferencial con una hepatitis aguda. Es la combinación de la historia clínica y de las exploraciones complementarias la que permitirá establecer el diagnóstico correcto.