

Varón de 35 años de edad sin antecedentes de interés, que es remitido para estudio de una hipertransaminasemia de 14 meses de evolución. La exploración física fue normal. En la analítica general destacaban una discreta hipertransaminasemia: GOT/GPT: 90/101 U/L, y una anemia microcítica con niveles de hierro y ferritina bajos. Se realizaron serologías víricas, determinación de marcadores de autoinmunidad, estudio del metabolismo del hierro y del cobre, hormonas tiroideas y cuantificación de niveles de alfa1-antitripsina, que fueron normales. La ecografía abdominal no mostró alteraciones reseñables.
Ante la sospecha diagnóstica de enfermedad celíaca se solicitó la determinación de anticuerpos antigliadina, antiendomisio y antitransglutaminasa, los cuales resultaron positivos. Asimismo, se realizó una biopsia yeyunal que mostró una atrofia vellositaria subtotal. Tras la instauración de una dieta sin gluten el paciente normalizó las transaminasas y la anemia microcítica se resolvió.
Aunque el espectro de alteraciones hepáticas asociadas a la enfermedad celíaca es amplio, existen dos formas principales de daño hepático, la idiopática y la autoimmune. El cuadro clínico más frecuente es una hipertransaminasemia persistente, observable en aproximadamente el 50% de los pacientes con enfermedad celíaca sin tratamiento.
Histológicamente se caracteriza por alteraciones inespecíficas que revierten tras la instauración de la dieta sin gluten. En una minoría de enfermos el daño hepático es más grave conduciendo al desarrollo de hepatitis crónica o de cirrosis. Por otra parte, existe una clara asociación entre la enfermedad celíaca y las enfermedades autoinmunes hepáticas. De hecho, un 3-7% de los pacientes con cirrosis biliar primaria, un 3-6% de los pacientes con hepatitis autoinmune y un 2-3% de los que presentan una colangitis esclerosante primaria presentan asimismo una enfermedad celiaca.