


Un varón de 25 años, con un consumo de 80 g/d de alcohol es remitido al especialista por presentar una hipertransaminasemia persistente, aumento de la sideremia y anticuerpos frente al virus de la hepatitis C. En la exploración física destaca una hepatomegalia a expensas del lóbulo derecho (1 cm), sin esplenomegalia. Además el paciente refiere que ante traumatismos mínimos le aparecen unas lesiones en las manos, tal como se observa en la imagen.
1. Se observan unas lesiones vesicoampollosas y erosiones, además de cicatrices.
2. Estas lesiones, que aparecen en el dorso de las manos y que son muy frágiles a traumatismos mínimos y que curan dejando cicatrices son características de la porfiria cutánea tarda. Además pueden quedar quistes de milium y, a largo plazo, lesiones esclerodermiformes.
Esta enfermedad está originada por una baja actividad de la uroporfirinógeno decarboxilasa. Como consecuencia se acumulan diferentes porfirinas en el hígado y en la piel, que se traduce clínicamente por una hipersensibilidad a la luz y a los microtraumatismos. Es la forma de porfiria más frecuente, especialmente en varones.
Existen formas hereditarias, aunque la presentación más frecuente es la esporádica en la que un tóxico hepático (alcohol) o una infección (virus de la hepatitis C) puede desencadenar la enfermedad en un individuo genéticamente predispuesto. A nivel cutáneo, la enfermedad se manifiesta como un síndrome vesículo-ampolloso crónico con fragilidad cutánea, caracterizado por aparición de ampollas y erosiones en dorso de manos ante traumatismos mínimos que posteriormente curan dejando cicatrices, quistes de milium y, a largo plazo, lesiones esclerodermiformes. Es muy característico observar hiperpigmentación facial y de las manos, así como hipertricosis malar.
A nivel hepático hay un extenso repertorio de lesiones que oscilan entre los cambios inespecíficos con estetosis, núcleos glucogenados, siderosis y la cirrosis hepática. En el 60% de los casos se observan infiltrados focales intrasinusoidales formados por células de Kupffer con siderosis, linfocitos y gotas de grasa que se sitúan próximos a la vena central o dispersos por el lobulillo. Esta lesión ha sido considerada característica de la enfermedad. Los pacientes con cirrosis tienen una mayor predisposición a desarrollar un hepatocarcinoma.