


Varón de 60 años con historia de un adenocarcinoma de sigma intervenido quirúrgicamente. El estadiaje de la neoplasia demostró una afección ganglionar y metástasis hepáticas. Realizó 7 ciclos de quimioterapia (capecitabina-oxiplatino-avastatina) sin objetivar nuevas lesiones hepáticas. La tomografía axial computarizada abdominal mostró múltiples lesiones hipodensas compatibles con M1. En este contexto se solicitó la realización de una tomografía por emisión de positrones.
La tomografía por emisión de positrones mostró la presencia de múltiples lesiones ocupantes de espacio en el lóbulo hepático derecho y varias en el lóbulo hepático izquierdo compatibles con la presencia de metástasis hepáticas del adenocarcinoma de colon. El paciente fue sometido a una hepatectomía derecha y la resección no anatómica (tumorectomía) de dos lesiones en el lóbulo hepátoco izquierdo experimentando un postoperatorio sin incidencias relevantes.
La tomografía computorizada y la resonancia magnética son las técnicas de imagen habituales en la evaluación de la extensión tumoral. Sin embargo, estas técnicas frecuentemente presentan limitaciones importantes en la definición de la extensión metastásica. La tomografía de emisión de positrones (PET) empleando la (18) F-fluorodeoxiglucosa se está convirtiendo en una técnica estándar en oncología en el diagnóstico y estadiaje de muchos tumores y en la monitorización de la respuesta terapéutica en pacientes con infiltración neoplásica a nivel hepático. Su verdadera utilidad en pacientes con carcinoma hepatocelular o colagiocarcinoma está aun por definir.