


Varón de 41 años, afecto de una cirrosis hepática alcohólica descompensada en forma de ascitis que ingresa por un cuadro de hepatitis alcohólica aguda grave. El paciente inicia tratamiento con prednisona (40 mg/d). Días más tarde desarrolla una neumonía intrahospitalaria asociada a distrés respiratorio que obliga a su intubación y ventilación mecánica y al aumento de la dosis de corticoides (1mg/Kg/12h ev). La evolución del paciente fue favorable lo que permitió su extubación a la semana de su ingreso en la unidad de cuidados intensivos. Días más tarde, ya en sala de hospitalización, el enfermo presentó fiebre y disnea. La auscultación mostraba crepitantes finos en ambos hemotórax, por lo que se solicitó una radiografía de tórax.
La radiografía de tórax muestra un infiltrado bilateral de aspecto intersticial y nodulillar. En este contexto se realizó una fibrobroncoscopia y lavado broncoalveolar que fue positivo para citomegalovirus (PCR). La detección del virus en sangre también fue positiva (13712 copias/ml). Con el diagnóstico de neumonía por citomegalovirus se inició tratamiento con ganciclovir por vía endovenosa y se disminuyó la dosis de corticoides. Tras dos semanas de tratamiento antiviral el paciente resolvió la neumonía e inició tratamiento oral con valganciclovir.
Las infecciones víricas son excepcionales en pacientes cirróticos en ausencia de otros cofactores de inmunosupresión como el VIH, el tratamiento prolongado con esteroides o la enfermedad crítica. En este tipo de pacientes se han descrito esofagitis por herpes simple y enfermedades por citomegalovirus. Aunque infrecuentes, el hepatólogo siempre ha de recordar que estas infecciones oportunistas pueden observarse en pacientes alcohólicos bajo tratamiento con esteroides. Dicha sospecha clínica será la base de un diagnóstico y tratamiento precoz de entidades que se asocian con una alta mortalidad.