Dr. Jesús Prieto
El Dr. Jesús Prieto es catedrático de Patología General de la Universidad de Navarra, donde ejerce la docencia, y es el director de la división de Hepatología y Terapia Génica del Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) de la Universidad de Navarra. Es un hepatólogo de gran prestigio y ha creado un grupo de investigación de renombre internacional.
Pregunta. ¿Por qué se introdujo en el mundo de la hepatología?
Respuesta. Fundamentalmente porque al terminar la carrera de Medicina quise hacer una tesis doctoral y acudí al profesor de Patología Médica, el Prof. Sisinio de Castro, para solicitarle un tema de investigación. El proyecto que me propuso hacia referencia a la investigación funcional del hígado y así comencé a interesarme por las enfermedades hepáticas. Desde el comienzo el estudio de la Hepatología me interesó enormemente. Hice la especialidad en Medicina Interna y en Aparato Digestivo, y al concluir estos años de especialización obtuve una beca del Consejo Británico para una estancia postdoctoral en Londres con la profesora Sheila Sherlock, lo que determinó un enfoque definitivo hacia la Hepatología. También debo destacar que, en aquellos tiempos, el contacto con el Dr. Juan Rodés, un médico joven que por entonces acababa de regresar de una estancia postdoctoral en París, contribuyó a mi definitiva inclinación hacia la Hepatología.
P. ¿Cuáles son las áreas en las que se ha centrado?
R. A lo largo de mi carrera profesional he tocado muchos de los aspectos de la patología hepática. Esta atención a distintas áreas de la hepatología podría justificarse por el hecho que el hígado es una unidad estructural y funcional en la que los distintos procesos están muy interrelacionados. Mis primeros trabajos de se centraron en el estudio de la hemocromatosis y en la investigación de los aspectos virológicos e inmunológicos de las hepatitis víricas. Igualmente me he ocupado del estudio de las enfermedades colestásicas y de los mecanismos conducentes a cirrosis y cáncer hepático. En el campo de la terapia de las enfermedades del hígado he trabajado en los últimos años en la identificación de citoquinas hepatoprotectoras de utilidad clínica y en la puesta a punto de procedimientos basados en terapia génica.
P. Y entre todas estas áreas en las que ha trabajado, ¿cuál cree usted que es en la que más ha contribuido?
R. Eso es difícil de decir y habría que dejarlo a juicio de otros. Sin embargo podría señalar que uno de los campos en los que pienso que el grupo de Pamplona ha realizado aportaciones novedosas es en lo relativo a los mecanismos patogénicos de la cirrosis biliar primaria. En este sentido hemos visto que el intercambiador cloro/bicarbonato AE2 juega un papel importante en la producción de bilis y en la regulación de la respuesta inmune y que sus alteraciones pueden condicionar muchas de las alteraciones observadas en la cirrosis biliar primaria. Por otra parte hemos puesto de relieve la importancia fisiopatológica del descenso de IGF-I en la cirrosis hepática y hemos aportado pruebas de que el tratamiento hormonal sustitutivo con esta sustancia mejora la evolución de los enfermos cirróticos. Otra de las aportaciones de hace años fue la demostración primera en pacientes con hepatitis crónica y cirrosis de que la hiperproducción de TGFbeta en el hígado desempeñaba un papel esencial en la fibrogénesis hepática. Los resultados de estas investigaciones se publicaron en el New England Journal of Medicine en 1991. En los últimos años hemos visto que una citoquina de la familia de la IL-6, la cardiotrofina-1, es una citoquina que es producida en el hígado (además de en otros órganos) y posee potentes efectos hepatoprotectores y estimuladores de la regeneración hepática lo que la convierte en un tratamiento potencial para pacientes con enfermedad hepática aguda grave y para pacientes sometidos a resecciones hepáticas extensas. Igualmente hemos observado que la oncostatina, otra citoquina de la familia de la IL-6, tiene la capacidad, hasta ahora no reconocida, de potenciar notablemente los efectos antivirales e inmunoestimuladores del interferón, lo que hace que pueda tener aplicaciones terapéuticas en combinación con interferón, tanto en las enfermedades víricas crónicas como en procesos neoplásicos. Finalmente he de señalar que en los últimos años hemos realizado ensayos clínicos pioneros de terapia génica del cáncer hepático y hemos propuesto estrategias basadas en terapia génica para la cirrosis hepática y la hepatitis vírica crónica.
P. ¿Cuál es su visión sobre la hepatología española respecto a otros países?
R. ?
La posición de la Hepatología española en el conjunto universal es excelente. Puede decirse que se debe, fundamentalmente, a la escuela de Hepatología de Barcelona que puso en marcha el Dr. Rodés y todos sus colaboradores. Yo creo que es una escuela que ha arrastrado detrás de si a otras como al grupo de Pamplona, y a otros grupos muy dinámicos de Madrid, Valencia, Sevilla, Santander, Oviedo, Granada, Alicante, Córdoba entre otros. Es por ello que estamos viviendo unos momentos muy buenos, con una gran presencia internacional, con abundantes publicaciones en revistas de alto impacto y con aportación de conceptos nuevos a la Hepatología.
P. ¿Cuáles cree que son las principales diferencias entre la hepatología actual y la de sus inicios como hepatólogo?
R. El panorama de la hepatología clínica y de la hepatología básica ha cambiado enormemente. Durante todos estos 40 años de ejercicio profesional he visto transformaciones profundas en lo relativo al diagnostico y al tratamiento de las enfermedades hepáticas y a la ciencia básica hepatológica . A estos cambios radicales ha contribuido el advenimiento del transplante hepático, el desarrollo de las técnicas de imagen y un gran progreso en biología celular y molecular. El transplante hepático y el descubrimiento del virus de la hepatitis C constituyen puntos de inflexión en la hepatología clínica. Por otra parte ha tenido lugar un increíble avance en las técnicas de biología molecular, especialmente con la introducción de la metodología de PCR y el perfeccionamiento de las técnicas de secuenciación lo que ha permitido la caracterización de todo el genoma humano y una fabulosa expansión de la genómica. Ello, junto con el más reciente desarrollo de la proteómica, ha proporcionado al hepatólogo unas herramientas que le capacitan para bucear materialmente en el mundo sumergido de la biología del hígado tanto en la salud como en la enfermedad.
P. Y con tanta experiencia en esta especialidad, ¿cómo ve usted la hepatología del futuro?
R.La hepatología del futuro es apasionante. Es estupendo ser hoy un hepatólogo joven ya que el horizonte se presenta muy abierto. Disponemos en el momento presente de unos medios y de unas herramientas eficacísimas que permiten avanzar a buen ritmo en el conocimiento de la biología que subyace a las enfermedades hepáticas. Y ello va a posibilitar la introducción de nuevas modalidades terapéuticas capaces de curar enfermedades que hoy no tienen tratamiento eficaz. El transplante es el procedimiento terapéutico de elección para la enfermedad hepática terminal pero este tratamiento no puede ser aplicado mas que a una minoría de pacientes, bien por la limitación de donantes o por la existencia de co-morbilidad que lo contraindica. Es posible atisbar una era en la ciencia médica hepatológica en donde los tratamientos biológicos puedan suplantar al transplante y ser capaces de inducir una regresión de la cirrosis y prevenir o curar el cáncer hepático. Por lo tanto, es un momento muy oportuno para animar a los jóvenes hepatólogos a combinar la asistencia clínica y la investigación, porque tienen posibilidades de ser protagonistas en la creación de esta hepatología del futuro.
Blanca Parés