Dr. Jordi Bruix
El Dr. Jordi Bruix es Consultor Sénior del Servicio de Hepatología del Hospital Clínic de Barcelona, y Profesor Agregado de Medicina de la Universidad de Barcelona. Además es el Director de Oncología Hepática del IDIBAPS y Coordinador del Programa de Oncología Hepática y Digestiva del CIBERehd.
Pregunta.¿Por qué decidió dedicarse a la Hepatología?
Respuesta.Pura casualidad. Primero estudié medicina porque, mientras estudiaba el curso preuniversitario, me pareció fascinante saber como funcionaban los órganos y conocer la anatomía. Por ello, inicialmente, mi intención era ser anatomopatólogo y, durante la carrera estuve como estudiante interno en Anatomía Patológica. En 4ª curso tuve la oportunidad de entrar en el Departamento de Medicina Interna donde se hallaba la Unidad de Hepatología del Hospital Clínic dirigida por el Dr Juan Rodés. Dicha Unidad se había fundado hacía poco tiempo, y encontré apasionante trabajar con gente crítica y de grandes conocimientos como los Dres Terés, Bruguera y Bosch. Tuve como médicos adjuntos a los Dres Jose María Sanchez Tapias y Antoni Rimola y poco a poco mi interés por la Hepatología se consolidó: al acabar la carrera realicé la residencia primero en Medicina Interna y posteriormente en Aparato Digestivo para poder especializarme en Hepatología.
P. ¿En qué áreas se ha centrado?
R. Cuando empecé trabajaba con el Dr. Bruguera en hepatitis víricas pero el Dr. Rodés me aconsejó que debía orientarme hacia la hipertensión portal, porque nadie se dedicaba a ello. Ya hace más de 30 años que trabajo en esta área, desde el 1978.
P. Durante su carrera, ¿a qué áreas se ha dedicado?
R. Una vez acabada la especialidad de Aparato Digestivo hice el doctorado durante un periodo de becario de más de tres años en el área de hemodinámica hepática e hipertensión portal. Hice la tesis con modelos experimentales de hipertensión portal y viví la época en que se modernizaron el manejo de los pacientes que padecían una hemorragia digestiva por varices esofágicas. Con el Dr. Jaume Bosch aprendí las bondades del espíritu crítico para aplicar la metodología científica en investigación clínica dirigida a obtener información para tomar decisiones sobre los enfermos. Superada esta fase me contrataron como médico adjunto del Servicio de Hepatología del Hospital Clínico y entonces empecé a trabajar con la Dra. Concepció Brú en la línea de cáncer de hígado. Ella había introducido la ecografía como técnica indispensable para el diagnóstico de las enfermedades hepáticas y en aquella éopca yo estaba al cargo de la sala de hospitalización. Esto nos permitió iniciar diversos estuios diagnósticos y terapéuticos sobre el cáncer de hígado. Progresivamente se incorporaron otros médicos con nuevos ámbitos de responsabilidad como la Dra Carmen Ayuso que se responsabilizó de estudios mediante tomografía y resonancia magnética, el Dr Manel Solé que se encargó del diagnóstico por biopsia, el Dr Xavier Montanya que inició el tratamiento mediante quimioembolización y el Dr Josep Fuster que ha sido el cirujano de referencia desde siempre. De este modo se consolidó el grupo de Oncología Hepática y con el tiempo y a medida que se aumentaba la actividad y se afrontaban nuevos estudios se incorporaron nuevos elementos como los Dres. Lluis Bianchi, Ramon Vilana, Maribel Real y Josep Maria Llovet. De este modo hemos trabajado de manera continuada y actualmente a nivel internacionals se nos conoce como el BCLC (Barcelona Clinic Liver Cancer).
P. ¿Qué aportaciones al cáncer de hígado considera más relevantes en estos años?
R. Hemos realizado diversas contribuciones emblemáticas que han dado reconocimiento internacional. La primera fue demostrar la relación entre el virus C y el cáncer de hígado, la primera descripción a nivel mundial. Hemos desarollado criterios para diagnóstico no invasivo del cáncer de hígado y hemos generado criterios para seleccionar los candidatos óptimos para resección quirúrgica. Hemos establecido la ablación percutánea y la quimioembolización como tratamientos eficaces y más recientemente hemos demostrado que un agente llamado sorafenib mejora la supervivencia de los pacientes con cáncer avanzado. Hasta entonces no se disponía de ningún tratamiento eficaz para esta situación. Al mismo tiempo, revisamos la historia natural de la enfermedad, lo que nos permitió permitido proponer un sistema de evaluación de pacientes ligado a la decisión terapéutica. El sistema es conocido como BCLC y ha sido validado internacionalmente y adoptado por diversas sociedades científicas. Además, hemos abierto un área de investigación genómica para aportar una clasificación molecular del cáncer de hígado. Es decir, no basar la evaluación pronóstica de los pacientes en el volumen tumoral y su invasividad, sino que también se incorporen las anomalías genéticas o moleculares de los tejidos.
El reconocimiento de nuestros conocimientos y experiencia ha permitido liderar la preparación de guías de práctica clínica tanto a nivel europeo (EASL), como a nivel americano (AASLD) y mundial (WGO). También lo hemos conseguido a nivel estatal, en España, donde he liderado poner en común diversas sociedades científicas como la Asociacción Española para el Estudio del Hígado (AEEH), la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), la Sociedad Española de Radiología (SER), la Sociedad de Radiología Vascular e Intervencionista (SERVEI) y la Sociedad de Transplante Hepático (SETH). Con ellos hemos elaborado un documento de consenso que se ha publicado en 2009 en la revista Medicina Clínica y, finalmente, ha sido aceptado por el Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad como una guía clínica en nuestro país.
P. ¿Otra aportación sería la Internacional Liver Cancer Association?
R. Sí, la fundé junto con otros expertos en 2007. Años atrás fui Secretario General de la EASL y comprendí la importancia de disponer de una estructura científica para compartir información, discutir resultados y adelantar en cualquier campo del conocimiento. De hecho, yo fui el primer presidente de la Internacional Liver Cancer Association hasta el año pasado. Es una sociedad que combina diferentes especialidades: hepatólogos, epidemiólogos, oncólogos, cirujanos, patólogos, radiólogos e investigadores básicos en distintos ámbitos y tecnologías biomédicas. El proyecto ha sido un éxito y este año se hará el 4º meeting en Montreal. El mismo objetivo de poner expertos en colaboración me ha llevado a ser coordinador del área de oncología del CIBER de enfermedades hepáticas y digestivas. Además de esta actividad he sido Editor Asociado de revistas como Journal Hepatology y Liver transplatation y actualmente, ejerzo esta responsabilidad en Hepatology y de Lancet Oncology. Todo ello demuestra el reconocimiento de nuestro trabajo tanto en el ámbito de la hepatología como en el de la oncología. Creo que nuestra dedicación ha tenido éxito.
P. ¿Cómo ve el futuro del cáncer de hígado?
R. El cáncer de hígado tiene una población de riesgo muy definida que son los pacientes con cirrosis hepática en los cuales el cáncer es la primera causa de muerte. Lógicamente, el mayor esfuerzo debe ir encaminado a la prevención de enfermedad hepática mediante la eliminación de la infección por virus de la hepatitis o la ingesta excesiva de alcohol. Actualmente, está emergiendo una epidemia de sobrepeso que se ha relacionado con la aparición de cáncer. De este modo es posible que, aunque controlemos los virus, aparezca una nueva causa de cáncer. Si no se puede evitar debemos tratar de diagnosticar el cáncer en una fase incial cuando se pueda eaplicar tratamiento curativo. Actualmente los planes de deteción precoz se basan realizar una ecografía con frecuencia semestral, pero es esperable que en el futuro se disponga de marcadores tumorales en sangre u orina que permitan una aplicación universal del cribado. A nivel terapéutico, si podemos detectar el tumor en una fase prácticamente premaligna, todas las intervenciones invasivas se puedan sustituir por tratamientos menos agresivos como la de ablación, es decir insertar una aguja y “quemar” la zona premaligna. Lo que acabará de cambiar todo el manejo actual es el mejor conocimiento de los mecanismos que gobiernan la transición de tejido premaligno a maligno. Ello permitirá identificar potenciales dianas terapeuticas cuando el cáncer aún no se haya consolidado. Ahora se pone mucho ímpetu en la clarificación de las vías de señales que hacen que un tumor crezca, que se consolide como una masa, o bien promocionar que el tumor sufra apoptosis y desaparezca. Estos procesos tienen unas vías de señalización cada vez más conocidas que se pueden modular mediante agentes farmacológicos. Actualmente estamos liderando diversos ensayos clínicos con fármacos de primera, segunda o de tercera línea con este tipo de agentes moleculares. También evaluamos estos fármacos en combinación con resección, ablación o quimioembolización. En definitiva, hoy en día hay una hiperactividad en la investigación del cáncer de hígado que era impensable hace 20 años.
P. Y, ¿desde cuando hay esta hiperactividad?
R. Pues hace poco tiempo, teniendo en cuenta que hace 10 años había muy pocos grupos dedicados al cáncer de hígado. Sin embargo, actualmente se ha convertido en un área mucho más atractiva, con muchos más recursos y más oportunidades de conseguir soporte económico. Todo ello facilita mucho la investigación en comparación a la situación en la que estábamos al inicio, hace 25 años.
P. ¿Comenzaron desde cero?
R. Sí, de hecho cuando empecé mi carrera se decía que fracasaría porque el cáncer de hígado no existía en el mundo occidental y que no se podía diagnosticar precozmente ni tratar de manera eficaz. Hemos demostrado que no es verdad. Esta idea negativa aun es prevalente en médicos de cierta edad que negligen los avances, pero la gente joven ya ha aceptado la realidad del cáncer de hígado y las posibilidades de tratamiento eficaz. La situación ha cambiado mucho y también las expectativas de los pacientes con cáncer.
P. Finalmente, ¿cuál cree que es el futuro de la hepatología?
R. Se pueden vislumbrar diversas áreas relevantes en los que la combinación de investigación clínica y de laboratorio mejorará la asistencia a los pacientes con enfermedades hepáticas. La investigación y tratamiento de los mecanismos del daño hepático asociado a sobrepeso o ingesta de alcohol con progresión a cirrosis tendrán una una importancia capital al igual que todo lo referente al tratamiento de las hepatitis virales. Deben investigarse nuevos fármacos que curen o controlen la infección con eficacia superior a la actual. Mientras esto no sea así, el cáncer hepático seguirá siendo un área de trabajo e investigación relevante. El trasplante constituye una opción terapéutica convencional para pacientes con enfermedad avanzada aunque la falta de órganos limita su aplicabilidad. Por último, mientras no se evite la progresión a cirrosis con hipetensión portal se deberá mantener una asistencia e investigación de calidad en hemorragia digestiva por varices esofágicas y en ascitis e insuficiencia renal.
Blanca Parés